Los pensamientos del hombre y sus consejos dependen sólo de la limitada razón y lógica humanas, las cuales quizás nos den una solución, pero no la correcta, ni efectiva, acarreando mayores problemas y circunstancias no deseadas.
En cambio, el Consejo de Dios está fundamentado en la verdad de su palabra, aquella que nunca falla y permanece para siempre.