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Debemos entender que nada humano ni material, puede condicionar nuestro buen ánimo en Dios, así que teniendo lo suficiente estemos contentos, porque Dios nunca dejará de sustentarnos, y si sólo tenemos lo necesario, aun así, estemos agradecidos.

Por tanto, como varones y mujeres de Dios debemos aprender a ser forjados en toda circunstancia, no porque necesariamente tengamos que vivir en escasez, sino porque la condición de nuestro corazón debe permanecer en humildad y contentamiento, enseñados para enfrentar con valor cualquier tipo de padecimiento o necesidad.

Y de la manera que Dios nos enseña a vivir conforme a su Palabra, así debemos acostumbrarnos a sentir y ser en todas las cosas, sin avaricia, ni descontento, sabiendo con plena certeza de fe, que Dios es poderoso para ampararnos siempre.

Además, es importante comprender que el camino del Señor es deleitoso, para todo hijo de Dios que persevere en bien hacer, con un corazón lleno de complacencia y obediencia a su Palabra, porque sólo hastío cosechará el hombre que persevere en sus caminos de necedad y ambición.

Ahora tan sólo busquemos experimentar ese banquete, dispongamos el corazón para tener contento en todas las cosas que de Dios tenemos, cambiemos de actitud, dejemos la aflicción por querer tener o encontrar siempre más y más, veamos las cosas con los ojos de la fe, con aquella tenacidad y fervor que Pablo tenía al vivir solo para Dios y al hacer de Dios su único contentamiento.