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Un ejemplo de una iglesia poderosa fue la que tuvieron los primeros cristianos, aquellos que recibieron el poder del Espíritu Santo, para llevar una vida encendida en el fuego de la pasión por Cristo, siendo testigos del amor y el poder de Dios en muchos lugares.

Ellos perseveraban en la sana doctrina que habían aprendido, en medio de una amistosa y calurosa comunión los unos con los otros, compartiendo juntos y con mucha alegría cuanto alimento podían conseguir para saciar el hambre de todos, a pesar de la dificultad del tiempo que vivían.

Una Iglesia perseguida por la verdad, pero con potencia de señales y prodigios que mostraban solo la gloria de Dios, a través de hombres fervorosos que encendidos en fuego del Espíritu alumbraban en todo lugar.

Nosotros podemos y debemos buscar caminar como aquella iglesia primitiva, llenos de convicción y con una fe inquebrantable.