Sedujo a Nuestro Padre san Juan Eudes la promesa bíblica del corazón nuevo: “yo cambiaré su corazón de piedra en un corazón de carne” (Ez 36, 26).
Y desde esta óptica, entendió la conversión como la decisión personal de liberarse, con la ayuda del Espíritu Santo, del corazón de piedra y de comenzar a vivir, con la ayuda de la gracia, con un corazón nuevo, de carne, esto es, con el Corazón de Cristo:
“Renuncia a tu corazón, es decir, a tu espíritu personal, a tu voluntad y amor propios; y entrégate a Jesús para entrar en la inmensidad de su gran Corazón... y para sumergirte en ese abismo de amor, de caridad, de misericordia, de humildad, de pureza, de paciencia, de sumisión, y de santidad” (Lecc. 124-125).