Era, sin duda, una cena de Pascua. Pero fue, sin duda, con una diferencia radical. En lugar de que la Pascua señalara hacia atrás, al gran sacrificio por el cual Dios había rescatado a su pueblo de la esclavitud en Egipto, esta cena apuntaba al gran sacrificio por el cual Dios iba a rescatar a su pueblo de su esclavitud final, de la muerte misma y todo lo que contribuyó a (maldad, corrupción y pecado).