Tres escenas importantes de la vida de Nuestro Señor tuvieron lugar en las montañas. En uno, predicó las Bienaventuranzas, cuya práctica traería una Cruz del mundo; en el segundo, mostró la gloria que yacía más allá de la Cruz; y en el tercero, se ofreció a sí mismo en la muerte como preludio de su gloria y la de todos los que creerían en su nombre.