Miranda García tiene una sensibilidad que la desborda. Y gracias a eso, es hoy, a pensar de su corta trayectoria artística, una bailarina con una potencia apapullante. Cuando baila transmite fuerza, profundidad y elegancia...
Con 24 años, es, además, una brillante coreógrafa en ciernes. En su propuesta dancistica hay algo de oscuridad que convive en perfecta armonía con su inocencia y belleza. Miranda es una artista en construcción, curiosa y de mente inquieta, que conmueve e intriga por igual.
Una bailarina que usa su cuerpa para expresar experiencias propias y ajenas. Una exploradora del movimiento en constante cuestionamiento, que busca, que se busca.