En la oración de Asaf vemos una gran necesidad, un llanto colectivo que clama al Señor. Nos enseña qué debemos hacer en tiempos de aflicción: humillarnos y pedir el favor de Dios; nunca exigiéndole, pero sí pidiendo con arrepentimiento y humildad.
Dios es un Dios de justicia, de ira, que se aleja del pecado; pero a su vez, es un Dios con vocación de pastor que cuida a sus ovejas. Debemos aprender a ver a Dios como nuestro Pastor, nuestro guía, que nos da paz, gozo y dirección.
En los momentos difíciles, cuando el pueblo pregunta "¿dónde está Dios?", Él pregunta "¿dónde estás tu?". Que nuestra respuesta siempre sea "Jehová de los ejércitos, RESTAURANOS".