El Calvario mostró al mundo un amor que trasciende lejos al amor que es típico entre los seres humanos, un amor según el cual sólo por el bueno uno estaría dispuesto a morir. No es sino la naturaleza del amor de Dios lo que le llevó a sacrificar a su propio Hijo por los impíos y los pecadores, precisamente por aquellas personas que se habían negado a honrarlo y adorarlo, o sea enemigos.