El Misterio de la PiedadLa narrativa cristiana occidental, moldeada por siglos de tradición litúrgica y representaciones artísticas, tiende a iniciar la biografía de Jesucristo en el pesebre de Belén. Las imágenes de la natividad —los pastores, los magos, la estrella y el decreto de César Augusto— dominan nuestra imaginación cristológica. Sin embargo, reducir la identidad de Jesús a su aparición biológica en la historia constituye un error teológico fundamental. Para comprender verdaderamente quién es el niño que yace en el pesebre, es imperativo retroceder más allá de Mateo 1 y Lucas 2, trascendiendo la historia lineal para adentrarse en la eternidad de Dios, antes del tiempo.A diferencia de los Evangelios Sinópticos, que presentan una cristología "desde abajo" (ascendiendo desde la historia humana hacia el reconocimiento divino), Juan comienza "desde arriba", con la existencia eterna del Logos antes de que el tiempo fuera tiempo.El Prólogo del Evangelio de Juan (1:1-18) es el texto fundamental para esta cristología. A diferencia de las interpretaciones que postulan una pluralidad de personas divinas eternas, la teología de la Unicidad ve en el Logos la mente, la razón, el propósito, el plan eterno del único Dios (YHWH), que en el cumplimiento del tiempo se hizo carne. Jesús antes de Belén es el Padre mismo en su modo de existencia trascendente y auto-reveladora.Esta primera lección sostiene una Alta Cristología que identifica a Jesús no como una "segunda persona", sino como la plenitud misma de la Deidad corporalmente (Colosenses 2:9). "E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne" (1 Timoteo 3:16).