Puede que emigrar sea la prueba más difícil por la que un ser humano deba pasar, todo aquello que se ha construido, pierde en cierto sentido su esencia: lo material no siempre se puede meter en la maleta, los títulos académicos pierden su valor profesional, parte de la familia se queda, así como los amigos, recuerdos, lugares, y mucho más.
Al emigrante le arrancan de raíz y solo le queda la esperanza de sus hojas, dé sus frutos. Carmen Vargas nos cuenta su historia y como Dios la transformó para bendición a través de este duro proceso, trayéndola desde Venezuela a esta tierra que hoy día llama patria.