A veces volteamos a nuestro alrededor y vemos que las cosas están destruidas, en ruinas, la tarea para nosotros parece imposible y pensamos que lo mejor es seguir sumidos en la vergüenza, ese era precisamente el caso del pueblo de Israel. El estado de los muros de la ciudad y puertas, era deplorable, estaba a tal grado, que en partes no se podía cruzar a caballos, porque ya no había caminos. ¿Cómo se puede enfrentar una situación así? Este capítulo nos da la respuesta, trabajando unidos, con el mismo objetivo en mente