José ni siquiera miraba a su hermano. Tomaba al bebé al que aquel fatídico día habían bautizado con el nombre de Alonso, lo sentaba sobre sus piernas como su padre le había indicado y lo alimentaba, luego lo levantaba para limpiarlo, pero no lo miraba. Francisco sabía que las relaciones entre hermanos no siempre eran de lo mejor, sin embargo en todas había por lo menos algo de contacto físico voluntario o cierto grado de comunicación, máxime cuando se trataba de bebés, sus hermanos mayores por lo menos esbozaban una sonrisa al ver a su hermanito, José no, lo cambiaba de lugar o de ropa cuando era necesario y lo alimentaba, pero en los once meses de edad del niño, Francisco nunca había escuchado que se dirigiera a él con la delicadeza que requería un infante como Alonso, es más, jamás lo vio tocarlo si no era indispensable, jugar con él, hacerle una broma o siquiera dirigirle una sonrisa.
Continúa escuchando esta historia de abuso y esclavitud del pueblo en “Basílica, fantasmas del pasado”
Si deseas adquirir de manera física el libro, puedes hacerlo a través de las redes sociales del Autor.