INVIERNO DE 1692, CIUDAD DE MÉXICO
Alonso tenía diez años, era un muchachito responsable y más inteligente que el promedio. El cabello negro y lacio bien peinado hacia atrás resaltaba las pobladas cejas y los grandes ojos cafés que se perdían con su tez morena provocando la ilusión de unos ojos claros.
Álvaro de Sevilla consiguió alcanzar todas sus metas y para celebrarlo había decidido hacer una gran cena de gala en su hogar. Él y toda su familia lucían despampanantes vestidos con sus mejores ropas. Aquel famélico jovencito que gracias a la fe que un buen vecino y amigo puso en él para que pudiera trasladarse a la gran ciudad donde aprendió el oficio que lo hizo rico, y que esta noche esperaba ansioso la llegada de importantes personajes.
Entérate como Francisco y Alonso han vivido desde que se fueron a la Ciudad y no te pierdas los próximos capítulos de “Basílica, fantasmas del pasado” para saber qué pasa con ellos más adelante.
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