Francisco sintió una emoción incontenible recorriendo todo su cuerpo al pensar que después de tantos años de sufrimiento y vejaciones, al fin podría sacar a su hijo adelante. Pero aún quedaba otro asunto importante, no le interesaba sólo encontrar trabajo, si no que Alonso pudiera superarse y no terminara igual que él, humillado y sometido durante toda su vida, con mucho cuidado para no dañarlo, despegó lentamente el lacre de cera con el escudo heráldico de la familia de Sevilla cerrando el sobre, sacó la hoja de papiro doblada en tres, la extendió y comenzó a leer: Álvaro de Sevilla, prohombre de la ciudad, líder de los guarnicioneros y miembro de la mesta, aceptaba al joven Alonso Bernal como aprendiz de guarnicionero y lo mantendría bajo su tutela hasta que hubiese aprendido el oficio a la perfección para que pudiera aspirar a convertirse en maestro y poner un negocio propio.
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