Diariamente los dos niños se reunían para pasar tiempo juntos, atravesaban los portales y corrían hasta el mercado de intercambios, o paseaban por las calles de México. De vez en cuando jugaban en la calle donde se conocieron, tras el depósito de desperdicios de la casa de Sevilla, cuando las voces de Marina, Diego o Gonzalo se escuchaban en el interior, Miguel veía como su compañero de juegos echaba la cabeza hacia tras y miraba el cielo con ilusión como si buscara algo escondido tras las nubes.
Si deseas saber más de las aventuras de Miguel y Alonso te invitamos a seguir escuchando este increíble capítulo y entérate de lo que descubrieron esta vez en “Basílica, fantasmas del pasado”
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