El 8 de marzo no es un día de celebración, es una jornada de lucha y reivindicación. Cada año, millones de mujeres en todo el mundo salen a las calles para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres, una fecha que nació de la resistencia de trabajadoras que reclamaron sus derechos básicos.
Hoy, cuando las pugnas por esos derechos aumentan ante el ascenso de los fascismos, manifestarnos en su defensa es más que urgente.
La conmemoración del 8M inició con las manifestaciones de mujeres obreras a finales del siglo XIX y principios del XX, especialmente en la industria textil, donde denunciaban condiciones laborales inhumanas.
Uno de los hechos más recordados ocurrió el 25 de marzo de 1911, cuando un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York dejó 146 personas muertas, en su mayoría mujeres migrantes. Las puertas estaban cerradas con llave para evitar que tomaran descansos, por lo que no pudieron salvarse. Ese, junto a muchos otros episodios y situaciones de injusticia impulsaron la lucha feminista por derechos laborales y equidad.
Años después, en 1977, la ONU oficializó el 8 de marzo como el Día Internacional de las Mujeres, reconociendo las luchas históricas de los movimientos feministas. Pero la conmemoración va mucho más allá de una resolución: es un recordatorio de que las mujeres seguimos enfrentando desigualdades sistémicas, violencia y explotación en distintos rincones del mundo, que se agravan con otras intersecciones como la raza, la clase, la orientación sexual y, la condición de migrantes. Por eso, el 8M no es solo un día de memoria, es una fecha para exigir lo que aún falta: justicia, derechos y un mundo en el que ser mujer no implique riesgos ni desventajas.
Porque sí, aún nos quedan derechos por conquistar