Último poema.
La luz de la pantalla me recuerda que estamos en el futuro.
No sé como he llegado hasta aqui. Me gusta pensar que en velero.
A veces me despierto ametrallando japoneses en Las Filipinas.
Las más me despierto para seguir callado.
Quien lo diría vivir noches de 50 años y días que son solo prestados.
La pantalla apaga su luz, como un faro averiado. Solo, en la penumbra, el mar de dudas se mece agitado.