Cuando Dios creó el mundo,
sabía que nosotros, los recipientes, no podríamos recibir Su asombrosa y
resplandeciente Luz en Su totalidad. Esta noción cabalística puede compararse
con un disyuntor que se dispara debido a una sobrecarga de corriente eléctrica.
También puede compararse con la luz del sol, que incineraría toda la Tierra si
se acercara demasiado. Por eso, el Creador, en Su infinita sabiduría, ocultó la
mayor parte de Su Luz para no abrumar lo que Él creó. El Zóhar relata el
proceso de cómo esta Luz oculta comenzó a revelarse.
A medida que corregimos y
transformamos nuestra naturaleza cruda e inmoral, revelamos una medida de Luz
oculta en proporción directa al grado de cambio interior que hemos
experimentado. Es este cambio espiritual el que expande nuestro recipiente
interno, permitiéndonos recibir una mayor porción de Luz oculta. Las letras
hebreas irradian esta Luz oculta en nuestra existencia cotidiana.