Si es tu primera vez aquí. O si ya has estado, pero como si lo fuera. Te mando esta postal sonora de Nueva York desde el West Village.
Usando mi poder de convicción hemos llegado al West Village. A casi nadie le venía bien moverse hasta aquí, pero finalmente lo he conseguido. Es una zona animada, y está al lado de casa. Al otro lado de la barra del Employees Only, uno de los bares de moda, te sirven prácticamente sin que tengas que pedir. Antes de que alces el dedo para llamar la atención y que llenen (una vez más) la copa, ya está frente a ti otra vez el camarero sirviendo otro vodka con naranja. Tus amigos, mientras tanto, siguen hablando con esas dos chicas que son más pegadizas que la canción del verano. Apoyado sobre la barra, no puedes evitar mirar una vez más tu Instagram como si realmente fueras a encontrar algo más interesante. ¿Crees que merece la pena?
Te apuntan con una Polaroid como si fuera una pistola de 9mm que dispara papel fotográfico. Pides que te enseñen la foto, pero la fotógrafa hace el ademán de esconderla jugueteando contigo. Se da la vuelta haciéndose la interesante, esquivando tu mirada. Su nombre, Anne-Sophie, suena a canción de Serge Gainsbourg. Y está claro que no hace falta irse a París para vivir un momento como este. Esta particular Françoise Hardy regresa pasados unos minutos y saca la fotografía que había hecho hace un rato. Como prometió, te la enseña. Apareces con una sonrisa superlativa, que no necesita filtros, haciendo la señal de la victoria. Quizás intuyendo un triunfo que no ha terminado de materializarse. Los goles bonitos siempre hay que marcarlos en grandes estadios, y no hay mejor escenario que esta ciudad.
Gracias por escucharme. Un abrazo desde Nueva York.