¿Te imaginas una heroína yucateca del siglo XX? No, no se trata de una historia de ficción, sino la de Felipa Poot Tzuc, quien tras vivir toda clase de horrores se convirtió en una gran lideresa de su época que peleaba por acabar con la desigualdad, el respeto a los derechos de las mujeres indígenas y un trabajo digno para las y los trabajadores de su natal Kinchil.
Fue una mujer adelantada a su época y sin importar su juventud, una de las activistas más comprometidas de Yucatán, de las pocas mujeres a la cabeza del movimiento reformista.
Felipa nació un 14 de enero de 1903 en la Hacienda Santa María, donde desde pequeña aprendió cómo plantar, desyerbar, cortar y procesar la fibra de henequén junto a su familia.Asistió a una escuela rural y con ayuda del capataz de la hacienda aprendió a hablar, escribir y leer en español, lo cual fue un gran beneficio para su futuro activista.