“Gracias, Señor, por recordarme que has llorado por amor a mí, no quiero que lo vuelvas a hacer, pero reconozco mi debilidad y por eso estoy a tus pies pidiéndote la gracia de amarte más que a mí mismo, más que a mis malos hábitos, mis heridas y cualquier otra cosa que impulse mi manera de actuar contraria a lo que conduce a la paz. Bendíceme con fidelidad, vitalidad y gozo para compartir tu amor con los demás. Amén.”