“Señor, yo quiero enseñar siempre tus preceptos no para ser grande en el reino sino porque no hay mandamientos más justos que los tuyos. Tu ley es perfecta y si la seguimos por amor a ti no es pesada ni impuesta. Ayúdame a ser ejemplo de ella y a enseñarla a mi familia para que juntos mejoremos nuestro entorno. Que el mundo entero se enamore de tus preceptos, envía tu Espíritu, pues sin ti pereceremos. Amén.”