“Padre Amado, gracias por mostrarme tu infinita bondad, tu gran misericordia y tu fidelidad. Te pido mi Señor que esas promesas que guardo en mi corazón que no se han cumplido sean como tú las quieres, pues tus planes son mejores que los míos. Rindo los deseos de mi corazón a tu voluntad porque sé mi Dios, que lo que tú das es siempre bueno, perfecto y agradable, trasciende por generaciones. Ponme ese nombre nuevo para la promesa que tienes para mí. Amén.”