¿Cómo entonces dejar de alabar al Señor? ¿Dejar de dar testimonio? Es imposible.
Oremos:
“Señor, Jesús, te doy gracias por las puertas que estás abriendo en mi camino y que nadie puede cerrar. Yo te pido Jesús la gracia de tu Espíritu Santo para salir adelante con todos los retos que tengo, con todo aquello que me he propuesto a nivel personal, profesional y espiritual. Que toda mi vida sea un sacrificio de acción de gracias. Amén.”