El 17 de septiembre de 1973, Eugenio Garza Sada, Don Eugenio, uno de los más notables industriales de Monterrey y de México, murió acribillado por un grupo armado que intento secuestrarlo.
Antes de entrar en tema quiero hacer explicita mi postura de que considero el terrorismo y la violencia paramilitar deleznables desde la perspectiva moral e inefectivos como medida de cambio social, a lo más que se puede llegar con violencia contra la población civil es a romper el estatus quo, sin garantía alguna de sustituirlo por algo mejor.
Los setentas fue una época de plena guerra fría, donde en Latinoamérica el ejemplo cubano abría la posibilidad de establecer un cambio social por la vía de la insurrección guerrillera armada y diferentes grupos eran manipulados al mismo tiempo, por un lado, por los Estados Unidos, y por otro por Rusia y su cliente cubano. Uno de estos grupos era la Liga comunista 23 de septiembre, un grupo guerrillero que le declaro la guerra al estado mexicano y el sistema capitalista. Los guerrilleros intentaron raptar a Garza Sada, desatándose una balacera en la que perdieron la vida Garza Sada, sus escoltas, Bernardo Chapa y Modesto Hernández, y dos de los guerrilleros.
Pedro Salmerón, en su calidad de director del Instituto nacional de estudios históricos de las revoluciones de México, publico una nota conmemorativa del asesinato que provoco el repudio de las clases política y empresarial regiomontanas, al referirse a los asesinos como «…un comando de valientes jóvenes… »