Listen

Description

El 19 de agosto de 1998 fallecía el oficial del ejército ruso Vasili  Arjipov, a la edad de 72 años. Poco podían sospechar su hija, Yelena  Andriukova, y su nieto Sergei, que en apenas un par de años el nombre de  su familiar iba a aparecer en los medios de comunicación de todo el  mundo como “el hombre que salvó al mundo” o “el hombre más importante de la historia moderna.”

El 22 de octubre, el presidente John Fitzgerald Kennedy lanzó un  ultimatum ante la consternación de la población mundial: cualquier misil  lanzado desde Cuba a cualquier aliado occidental sería considerado como  un ataque de la Unión Soviética a Estados Unidos, que tomaría las  represalias necesarias. Un misil nuclear T-5, con una capacidad  semejante a la bomba que fue arrojada sobre Hiroshima, era precisamente  lo que se encontraba a bordo del B-59, totalmente listo para ser  disparado en caso de que estallase la guerra.



Eso era lo que sopesaron los comandantes del submarino ruso cuando el  día 27 comenzaron a ser atacados por el USS Randolph y otros 11  destructores, después de ser detectados cerca de la bahía de Mariel, en  Cuba. Las cargas de profundidad y bombas sub acuáticas comenzaron a  golpear los casos de la flota soviética, y tres de los submarinos se  vieron obligados a emerger ante la falta de oxígeno. No ocurrió lo mismo  con el B-59 de Arjipov, que durante cuatro horas valoró contestar el  ataque estadounidense con su arma especial, lo que muy probablemente  habría supuesto el final de la guerra fría y el comienzo de un  enfrentamiento bélico de imprevisibles consecuencias. Si no ocurrió fue,  sobre todo, gracias a la intervención de Arjipov, que tenía 34 años en  aquel momento.