Llega un día en la vida de todos, en el cual uno se encuentra en capacidad de “escoger” entre el cúmulo de enseñanzas que ha recibido, aquellas que considera que vale la pena conservar, y aquellas que puede desechar.
¿Cuáles se quedan y cuáles se van?
De nuevo, me inclino por pensar que se quedarán fuertemente arraigadas, aquellas lecciones que hayan tenido un mejor fundamento lógico y moral, y por lo tanto, nos resulten valiosas y dignas de trascender. Una enseñanza con un fundamento sólido, es quizá tan buena hoy para mi, como lo era hace cincuenta años para ella y lo será en unos 20 años para mis hijos.
Como el domingo qué pasó fue el día de las madres, esta semana el Día del maestro y como Luz Adriana igualmente está presente en la edición, creación, restricción y renacimiento de cada uno de mis capítulos, me pareció pertinente invitarla; no solo porque honestamente es el ser más sabio que he conocido, si no porque se que tiene mucho por decir y ustedes mucho por escuchar.