Palabra de Dios: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí.” Salmos 51:10
Perlas: Cuando el rey David escribió el Salmo 51, él estaba viendo y reconociendo la magnitud de sus muchos pecados y su bajeza. Él podía ver claramente cuán bajo había caído y lo sucio que estaba, pero lo más importante era que tenía dolor en su corazón por el dolor que le había causado ese Dios que lo amaba y que lo había bendecido tanto, a quien él también decía que amaba y adoraba, con sus canciones, con su vida, y aún con danza. Este Salmo es el retrato de un corazón sucio y resquebrajado por el pecado, pero arrepentido, genuinamente suplicando a Dios no solo perdón, sino ser renovado y transformado. David le pidió a Dios que le hiciera una cirugía de corazón.
Pedirle a Dios que cree en nosotros un corazón limpio, y que renueve un espíritu fiel dentro de nosotros, es pedirle y darle permiso de que entre a las profundidades de nuestro ser, y haga cambios trascendentales, que muy seguramente incluirá que Él arrancará (retirará) todo lo que nunca debió entrar en nuestro corazón, e insertará (sembrará) lo que siempre sí debió estar.
Para nosotros es imposible creer, confiar, amar sin condiciones, vivir en la luz, ser fieles y obedientes. En nuestras propias fuerzas humanas no tenemos la capacidad de entregarle a Dios una lealtad absoluta (no dividida, ni cambiante, no compartida con otras lealtades). No tenemos la capacidad de genuinamente amar a Dios por encima de todas las cosas, más que a nosotros mismos, más que a otras personas, más que a la vida, más que a nuestros caprichos… Esta clase de amor y lealtad solo pueden provenir de un corazón limpio que ha sido transformado por el poder del Espíritu Santo. Cuando permitamos que Dios realice esta cirugía espiritual en nosotros, seremos transformados, al igual que será transformada cada área de nuestra vida, cada relación, cada decisión.
¿Qué se hace antes de una cirugía complicada, extensa y en extremo dolorosa? No hay que ser médicos para responder lo básico. Todos sabemos los pasos iniciales: La persona debe dejar de comer muchas horas antes de la cirugía (para estar limpio por dentro).
Debe despojarse de todo elemento que haya traído de afuera (ropa, zapatos, accesorios, maquillaje, perfume, etc)
Debe estar bañada y limpia; a veces las enfermeras además del baño desinfectan el área a operar. Mmmmmm, interesante…para pensar.
Después la persona tiene que acostarse en una camilla (posición de entrega, descanso y voto de confianza absoluta a los médicos y cuerpo de enfermería). Aquí la persona se suelta y se entrega en sus manos.
Cuando el paciente ya está perfectamente limpio y acostado, le colocan la anestesia y ya no sabe más nada de nada. El paciente está impedido para opinar, no puede controlar lo que hace el médico, ni siquiera las reacciones de su propio cuerpo…está impedido y en manos del cirujano.
¿Por qué podemos entregarnos de esa manera a un ser humano limitado, que puede fallar en cualquier momento, y nos cuesta trabajo entregarnos así al Gran Cirujano, a aquel que jamás ha cometido un error ni lo cometerá? Interesante…
Repasemos: Limpieza por dentro y por fuera, despojarnos de todo lo sucio, recostarnos, confiar, entregarnos, declararnos impedidos y dejar que el Cirujano haga lo que solo Él sabe y puede hacer. Un proceso muy similar…
Oración: Wow! Dios mío! Ahora entiendo más el proceso de la Cirugía de Corazón. Necesito despojarme de todo lo sucio, arrepentirme y entregarme por completo a Ti. Hoy hago la oración que hizo el rey David: Padre, crea en mí un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí. Renuncio a la vida de pecado y desobediencia; límpiame y purifícame con Tu sangre; hoy tomo la decisión de recostarme en Tu regazo, descansar y confiar en Ti. Mete Tu mano, arranca de mí lo que Tú no plantaste, y siembra Tu vida en mi corazón, que cada latido de mi corazón sea impulsado por Tu