Palabra de Dios: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.” 1Corintios 2:9
“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” Juan 14:21
Perlas: Cuando comprendamos en lo profundo de nuestro espíritu que el secreto de la bendición y de ver la gloria de Dios está en la obediencia, nunca más volveremos a cuestionar lo que Dios nos pide, ni a tomarlo como sugerencia, ni a aplazarlo. La obediencia es una disciplina espiritual que se aprende durante la espera, en los brazos del Padre, normalmente a través del tiempo y con los frutos dolorosos de la desobediencia. Cuando llegamos al final de nuestro camino de independencia de Dios, de rebeldía y de religiosidad, muy comúnmente ocurren rendiciones genuinas. Hay tantas y tantas promesas guardadas para nosotros, simplemente esperando por nuestra obediencia.
Por otro lado, necesitamos comprender que lo que nosotros entendemos como amor, no necesariamente es lo que Dios considera amor. El Señor lo dice muy claramente: “El que me ama es el que me obedece”. Muchas veces queremos decir y publicar que amamos a Dios porque le servimos, o porque lloramos durante el tiempo de adoración en la iglesia, o porque entregamos grandes ofrendas, o porque “hacemos buenas obras”. La verdad está en 1 Corintios 13:1-3 “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.”
Dios ha unido de manera inseparable el amor y la obediencia. No hay manera de realmente amar a Dios y no obedecerle. No hay manera de obedecerle de corazón sin amarle. Lo obedecemos porque lo amamos. Lo amamos, por tanto le obedecemos, porque lo amamos con nuestra obediencia. Dios puede decir que le amamos únicamente si le obedecemos.
Hoy leímos dos porciones de la Palabra que hablan de la manifestación asombrosa de la gloria de Dios para aquellos que le obedecen (porque le aman). Aquel que ama (obedece) a Dios, debe estar preparado para ver lo que nadie ha visto, oír lo que nadie ha oído, y recibir lo que ni siquiera alguien ha imaginado.
Solo existe un camino para conquistar los sueños de Dios para nuestra vida: el camino de la obediencia.
Dios sabe a dónde nos quiere llevar y conoce cada paso que debemos dar. Solo obedeciendo Su voz podremos dar pasos certeros y nunca desviarnos.
Detrás de la expresión “Caminando como viendo al Invisible” está la vida de alguien sumergido en Dios, con su mirada puesta en el Señor, escuchando instrucciones para la guerra y para el camino, y obedeciendo sin discutir, sin razonar ni entender.
Oración: Señor, me confronta muy fuertemente Tu Palabra porque tengo muchas luchas con la desobediencia. Yo quiero ser contado entre aquellos que Tú puedes decir que te aman porque te obedecen. Hoy me rindo, rindo mi rebeldía y desobediencia, y me dispongo a que Tu Espíritu me enseñe a obedecer sin entender, a caminar como viendo al Invisible, aunque no me parezca, aunque mi mente me grite que es absurdo, aunque me critiquen duramente. Sé que lo que ahora no entiendo, después lo entenderé, y sabré que así tenía que ser, que era necesario. Hoy me lanzo a una vida de obediencia absoluta porque te amo.