Palabra de Dios: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.” 1 Corintios 1:26-29
Perlas: Comenzamos esta semana aprendiendo del peligro de las dudas ya que “el que duda, no piense que recibirá cosa alguna del Señor”. Somos tan atrevidos que pretendemos medir la veracidad de lo que Dios nos dice de acuerdo a nuestras capacidades. ¡Eso es ser atrevidos! Primero que todo, Dios no puede mentir, Él es la Verdad. Segundo, ¿quiénes somos nosotros para juzgar o analizar a Dios? Sus caminos y Sus pensamientos son infinitamente más altos que los nuestros.
La segunda razón que alimenta nuestras dudas acerca de Dios y Sus promesas tiene que ver con los demás. Nuestra tendencia a compararnos con otros y el darle demasiada importancia a la opinión de los demás siempre nos llevarán a descalificarnos. Siempre encontraremos personas que saben más, que tienen más, que pueden más, que influyen más, que “son más o valen más”. Compararse con otros es una maldición que siempre te dejará derrotado, primero que todo porque te lleva a juzgar a Dios al pensar que Él se equivocó o que ha sido injusto; segundo, compararte te lleva a la destrucción de tu autoestima, o a la soberbia, porque puede ser que la tendencia sea compararte con personas que tienen menos capacidades que tú. De cualquier manera, las comparaciones y las opiniones de los demás, aunque “tengan razón humana”, no tienen ninguna relevancia frente a lo que Dios piensa y a lo que ha dicho que hará contigo. El gran reto es cambiar el enfoque: No más tu percepción personal ni tampoco la de los demás. El enfoque debe ser lo que Dios ha dicho, y no poner en duda ninguna de Sus palabras.
Si tú te sientes poca cosa, poco importante, poco sabio, sin valor, débil, te tengo una noticia, vuelve al leer el versículo de hoy ¡Eres exactamente lo que Dios necesita y el tipo de persona que Él escoge para derramar Su gloria!
Oración: Señor, confieso que tiendo a compararme con otros y me he hecho mucho daño. Confieso que presto mis oídos para escuchar la opinión de los demás y le doy demasiada importancia. Confieso que este enfoque hacia los demás me lleva siempre a poner en duda lo que Tú me has dicho acerca mi valor y de Tus planes para mí. Te pido perdón. Ahora puedo ver que precisamente porque soy débil y menospreciado, me escogiste. Solo puedo decir GRACIAS PADRE. Gracias por poner Tu mirada en mí, por amarme tal como soy, por pensar en mí para Tus planes y por pensar de mí de la forma que piensas.
Reto del día: ¿Te acuerdas que las limitaciones de Gedeón no limitaron a Dios? ¿Cuáles son tus limitaciones? Pregúntale a Dios qué conexión hay entre tu poca fuerza, poca sabiduría, poco poder, y los planes que Él tiene contigo? ¿Por qué tú? (Así como se habrá preguntado Gedeón).