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Palabra de Dios: “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!” Santiago 3: 2-5

Perlas: La Palabra de Dios explica de manera muy clara que, aquel que logre no utilizar la lengua para ofender, es una persona perfecta, ya que si logra refrenar su lengua, es capaz de refrenar todo su cuerpo. Es impactante la comparación entre el freno en la boca del caballo para dirigir su cuerpo, el pequeño timón que gobierna la inmensidad de las naves, y la lengua, que siendo tan pequeña, posee un poder de impacto exponencial. Nuevamente, recordemos que es decisión de cada persona si dicho poder será usado para bien o para mal. 

Aprendimos que “comeremos del fruto de nuestros labios”, osea que las consecuencias (buenas y malas) de todo lo que ha salido por nuestra boca están frente a nosotros. La calidad de los que decimos ha determinado la calidad de nuestras relaciones (en el matrimonio, con cada hijo, en el trabajo, en la iglesia, con la familia política, los vecinos) lo que ha salido por nuestra boca ha tenido un efecto sobre nuestro estado de ánimo, nuestras emociones, nuestra salud, nuestras finanzas. La lengua es un miembro muy pequeño de nuestro cuerpo, pero así como el pequeño timón de una gran nave dirige por completo tanto su recorrido como su destino, así mismo ocurre con nuestra pequeña y poderosa lengua. 

Sabiendo que si aprendemos a refrenar nuestra lengua, seremos capaces de refrenarnos en todas las demás áreas de nuestra vida, qué interesante y qué productivo sería priorizar el rendir nuestra boca/nuestra lengua a Dios cada día, momento a momento.

Oración: Señor, estoy entendiendo la magnitud del poder de mis palabras. Te pido que arranques las vendas de mis ojos, y me reveles cómo mis palabras han afectado los diferentes aspectos de mi vida. Concédeme el don de arrepentirme. Perdóname y límpiame. Purifícame Señor. Hoy rindo mi lengua ante Ti, y ato mi boca a la obediencia de Cristo. Ayúdame Espíritu Santo. Redargúyeme de pecado antes de pecar, que pueda detenerme y callar cuando mis palabras vengan encendidas con maldad. Toca mi boca y coloca Tus palabras en ella. Me rindo. Quiero usar el poder que le has dado a mi boca para el cumplimiento de Tus planes y Tus propósitos en mí, y a través de mí.

Reto del día: Escribe todo lo que Dios te ha estado mostrando. ¿Qué palabras destructivas sueles decir con respecto a ti mismo, tu valor, tus capacidades, tu salud, tus finanzas, tu futuro? ¿Cómo has mal utilizado el poder de boca contra quienes compartes la vida en tu familia, trabajo y comunidad? ¿Qué has logrado, o cuáles han sido las consecuencias? ¿Puedes ver el impacto poderoso de tus palabras? Cuando termines de escribir todo esto, una vez más pide perdón a Dios, y ríndete para que puedas ser transformado, comenzando por el fruto de tus labios.