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Palabra de Dios: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Lucas 6:45

Perlas: Muchas veces (tal vez demasiadas) hemos dicho o nos han dicho “Qué pena, perdóname, no quise decir eso”. La verdad que la Biblia nos enseña es que todo lo que decimos proviene de nuestro corazón, es decir, no es cierto que “No quisimos decir eso”. Sí lo quisimos decir, sí lo dijimos, y lo dijimos porque es la realidad en lo profundo de nuestro corazón. ¿Quieres conocer a alguien? Escucha por un tiempo sus palabras, especialmente cuando se queda sin filtro. ¿Quieres conocer lo que realmente hay dentro de ti? Escúchate, analiza lo que te dices a ti mismo y de ti mismo, de otros, de Dios, de la vida. Muy pronto tendrás un panorama claro de todo lo que está anidado y guardado en las profundidades de tu ser. Tal vez te estés preguntando ¿Cuál es el beneficio de eso? El beneficio es inmenso cuando hacemos lo que tenemos que hacer y lo que podemos hacer, y permitimos que Dios haga lo que solo Él puede hacer. ¿De qué estoy hablando? Estoy hablando de que todos necesitamos perdonar y sanar. Una persona que utiliza para mal el poder de su boca, no lo hace porque es malgeniada, iracunda, o porque tiene una personalidad muy fuerte. Definitivamente no.  Una boca que habla palabras hirientes, lo hace porque la fuente (su corazón) está herida. Por consiguiente, la solución no consiste en hacer un esfuerzo personal, ni en autocontrolarse. Esto es efímero. La verdadera solución que permanece, es permitirle a Dios que nos sane.

Oración: Padre, necesito que sanes mi corazón herido. He sido muy herido y por eso hiero a otros. Señor, ayúdame a romper y cortar este círculo vicioso. Sáname y cambia mi historia y la historia de mi familia. Restaura mi ser. Quiero seguir perdonando día a día. Limpia y guarda mi corazón. Oro porque pronto llegue el día en que mi corazón esté sano, limpio y lleno de vida, a tal punto que esto se note en el fruto de mis labios, que mis palabras ya no hieran, sino que sanen, que ya no destruya sino que construya, y que ya no haga tropezar, sino que levante con lo que digo. En el nombre de Jesús.

Reto del día: Durante todo el día (Puedes practicar esto de ahora en adelante) toma nota de las palabras fuertes que dices. Las que tú dices, no las que otros dicen. A la mañana siguiente, preséntale esto a Dios y comienza a hablar con Él sobre esto. Pregúntale cuál es la raíz de cada una de esas palabras. Perdona a quien tengas que perdonar y permite que el Señor siga sanando y limpiando tu corazón. Este es el proceso de transformación de adentro hacia afuera, del cual Dios es el único autor.