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Palabra de Dios: “Después subió el varón Elcana con toda su familia, para ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto. Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre. Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te parezca; quédate hasta que lo destetes; solamente que cumpla Jehová su palabra. Y se quedó la mujer, y crió a su hijo hasta que lo destetó.Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, un efa de harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño. Y matando el becerro, trajeron el niño a Elí.Y ella dijo: ¡Oh, señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová.” 1 Samuel 1: 21-28

Perlas: Ana recibió la promesa cuando estuvo lista para recibirla como un regalo, y no como lo que podía convertirse un ídolo. Dios le concedió a Ana el ser madre, pero el corazón de ella estuvo listo para no adorar a su hijo, sino para seguir adorando al Dios que le concedió un hijo. ¿Cómo Ana pudo llevar a Samuel siendo tan pequeño, y entregarlo en el templo, a Elí? ¿Cómo ella pudo cumplir ese voto que hizo? Esto solo fue posible porque ella aprendió a amar más a ese Dios fiel que cumplió Su promesa, que a la promesa misma.  

Fue tal la obra del Señor en el corazón de Ana que ella no solo recibió el cumplimiento de una promesa, sino que también pudo cumplir su promesa a Dios. Es admirable la obra de Dios en ella. No están registradas cómo eran las oraciones de Ana antes de la de ese gran día, pero seguramente fueron cambiando hasta que fue llevada a ese punto de rendición absoluta y adoración, en el que ya no estaba pidiendo un milagro para simplemente ella disfrutarlo egoístamente, sino que ese milagro sería para dar gloria a Dios y sería dedicado a Él.

Oración: Dios, mi mente humana no puede comprender lo que hizo Ana, ni cómo ella pudo desprenderse de su milagro y devolvértelo…mi alma se estremece solo de pensarlo. Ayúdame a entender en mi espíritu lo que necesito entender de la historia de Ana. Enséñame a orar sin egoísmos. Prepárame para recibir las promesas sin que estas se conviertan en ídolos para mí. Quiero vivir para adorarte a Ti, el Dios que cumple promesas, el Fiel y Verdadero, mi Padre Celestial, el Príncipe de Paz.

Reto del día: Continúa derramando tu corazón delante del Señor. Sigue clamando por ese gran milagro, ese gran sueño que Él mismo plantó en tu corazón. Comienza a confesar con tu boca que cuando recibas este milagro, nunca adorarás al milagro, sino que tu adoración siempre será para Él, el Dios que te dio lo que le pediste, y que ese milagro, todos los milagros que recibirás, y tu vida entera, serán para dar gloria a Él.