Palabra de Dios: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.” 2 Corintios 4:17
Perlas: En medio de los sufrimientos y las pruebas, siempre es bueno recordarle a nuestra alma que el único propósito del Señor es derramar Su gloria; Él quiere colocar sobre nosotros Sus hijos peso de gloria. Pero para poder hacerlo necesita dos cosas: Nuestra fe y nuestra obediencia:1. Fe para estar convencidos de que todo lo que estamos viviendo obrará a nuestro favor, porque todo obra para bien para quienes le amamos, y quienes hemos sido llamados para Sus propósitos (Romanos 8:28). 2. Obediencia absoluta que no cuestiona, no negocia, no posterga, no desfallece… obediencia momento a momento, ofreciendo un sacrificio de olor grato, una vida de adoración, una vida rendida que tiene el aroma de Jesús, quien fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz.
Fe, obediencia y gloria. Nos hemos acercado esta semana a conocer el corazón de Ana; vimos su fe, su humildad, su rendición, su obediencia, y el despliegue de la gloria de Dios sobre su vida y su descendencia.
FE: Ana creyó ciegamente en Dios y en Sus promesas, aún cuando era doloroso seguir creyendo y esperando, ella permaneció radicalmente fiel en el creer.
OBEDIENCIA: Ana obedeció aunque su vida se consumía en el dolor. Ella obedeció en cada instrucción de Dios para ella:
Orando sin cesar
Enfocada en Dios y no en la opinión de los demás
Permaneciendo en una relación muy profunda con Dios. Entregada por completo y no lo cuestionaba.
Perdonando a sus enemigos.
Perdonando y honrando a Elí, a pesar de todo. Manteniendo un corazón lleno de humildad y respeto.
Perdonando a su esposo, respetándolo a pesar de que no la entendía, amándolo y sieguiendo a su lado.
Dándole todo a su hijo durante los 3-4 años que lo tuvo a su lado, amandolo, formándolo, preparándolo y entregándolo. Que la promesa cumplida jamás tomara el lugar del Dios que le dio lo que pidió.
LA GLORIA DE DIOS QUE VIO ANA:
Siendo estéril recibió el milagro de ser madre.
Dios preparó una mesa para Ana delante de sus enemigos. Sus enemigos tuvieron que ver y sufrir la felicidad absoluta de Ana.
Todos a su alrededor tuvieron que ver la fidelidad y la gloria de Dios sobre la vida de Ana: Los que la juzgaban y menospreciaban, los que le tenían lástima, los que intentaron que renunciara a su sueño y que se conformara a vivir sin la promesa.
Maternidad y Plenitud: tuvo en su vientre un hijo, al que amó, crió, abrazó y besó; vivió intensamente su maternidad durante esos 3-4 años y después lo entregó a Dios…
Y vivió para ser la madre de uno de los hombres más importantes de la historia, uno de los más grandes profetas de Dios, el que coronó a los 2 primeros reyes de Israel, Saúl y David. Ana vivió todos los días de sus días viendo la promesa cumplida y la gloria de Dios.
Hasta el día de hoy, miles de años después, la vida de Ana y su hijo Samuel, siguen siendo usados por Dios para exhortar, animar e inspirar a los hijos de Dios a creer sin dudar, a obedecer sin desfallecer, y a esperar con certeza el cumplimiento de las promesas de Dios y el despliegue de Su gloria.
Oración: Señor, hoy quiero simplemente agradecerte por todo lo que has hablado e implantado en mi corazón durante esta última semana. Gracias porque pude llorar y ser honesto en Tu Presencia. Gracias porque desenterré aquella promesa y aquel sueño que un día me diste, y por haberme dado las fuerzas y la fe para volver a creer y esperar en Ti. Hoy escojo seguir creyendo. Hoy escojo ser humilde. Hoy escojo perdonar. Hoy escojo esperar y obedecer fielmente cada instrucción que me das. Hoy escojo vivir mi vida de tal manera que Tú puedas derramar Tu gloria. Hoy escojo vivir para ver Tu gloria en todos los aspectos de mi vida, y que esa gloria alcance a mi descendencia. Amén.