Palabra de Dios: “Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas.”
Salmos 147:3 NTV
Perlas: Cuando tenemos una herida, y nos duele mucho, hacemos lo que sea por parar la angustia de ese dolor, que muchas veces es leve, pero otras es realmente insoportable, al punto que parece que nos vamos a desmayar o morir físicamente. Las heridas físicas son una buena forma de asomarnos al aspecto que puede llegar una herida en nuestra alma, porque implica que se rompen músculos, tejidos, vasos sanguíneos y muchos nervios. Por eso duele.
Cuando somos pequeños y nos rechazan, nos maltratan, nos abandonan, no nos cumplen promesas o nos ignoran, se hacen en el alma muchas heridas de diferentes tamaños y dimensiones, y sobre ellas hemos tenido que construir vida. Eso duele, y mucho, porque esa vida será tan débil y dolorosa como nuestra alma rota.
Cuando venimos a Dios, pidiendo sanidad y restauración, tenemos exactamente la misma actitud que ante una herida física, y por eso suplicamos con muchas lágrimas en nuestros ojos, y a veces con gritos de dolor: ¡Por favor, sáname ya Dios! ¡No puedo más! Dios no es indiferente, e inmediatamente se inclina a nuestro clamor, nos abraza y nos consuela. Luego, organiza una comunidad y comienza su cirugía paso a paso,
Pone un poco de anestesia, en forma de abrazos, aceptación y amor sin juicios, que nos dan personas que ya han sido sanadas.
Nos deja ver todas las consecuencias que ha traído el dolor, que es exactamente lo que nos llevó a un pozo profundo, porque hizo que nuestras relaciones se dañaran y terminaran en crisis.
Él revisa la herida y nos va mostrando su origen, el momento exacto, la persona o personas que la hicieron y cuáles fueron todas las consecuencias.
Nos va guiando con el más absoluto amor, a perdonar cada aspecto de la herida (porque cada una tiene varios) y a cada persona, todas las veces que sea necesario. Nos acompaña en el proceso de abrazar nuestro dolor, o nuestro cactus, como decimos en Canaán.
Nos va dando palabras de aliento, promesas y hasta esperanza cuando escuchamos a otros que han pasado ya por esa cirugía.
Como consecuencia de poner nuestra mirada en Él, Él se encarga de sanar y cicatrizar nuestras heridas, nos libera de la angustia y del dolor.
Reemplaza mentiras por verdades.
Nos da instrucciones de cómo dar cada paso de nuestra nueva vida.
Oración: Señor Jesús, gracias por tanto. Gracias por ser tan delicado, detallista y amoroso en este proceso. Sé que llegar hasta este punto de mi vida ha tomado tiempo, y por eso, mi sanidad y restauración también necesitan tiempo. Dame la certeza de Tu amor y la confianza de Tu compromiso en mi libertad. Sé Tú mi paciencia y ayúdame a que pueda vivir este proceso, un día a la vez, sin angustiarme porque no vea resultados inmediatos. Dame un espíritu apacible, enseñable y moldeable. Hoy acepto Tu sanidad profunda. Hoy acepto y me comprometo con mi proceso, de Tu mano. Amén.
Reto del día: Pregunta al Señor, ¿En qué etapa estoy de mi sanidad? ¿Qué cosas aún no he querido enfrentar, porque me duelen mucho? ¿A quién y qué me falta perdonar?