¡Despiértate!
Palabra de Dios: “No todo el que me llama: “¡Señor, Señor!” entrará en el reino del cielo. Solo entrarán aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El día del juicio, muchos me dirán: “¡Señor, Señor! Profetizamos en tu nombre, expulsamos demonios en tu nombre e hicimos muchos milagros en tu nombre”. Pero yo les responderé: “Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes, que violan las leyes de Dios” Mateo 7:21-23 NTV
“Así que, ¿por qué siguen llamándome “¡Señor, Señor!” cuando no hacen lo que digo?” Lucas 6:46 NTV
Perlas: En la mente de muchos de los que asisten y sirven dentro del sistema religioso, o incluso son líderes, existe la ilusión de estar haciendo la perfecta voluntad de Dios, porque le están sirviendo sacrificadamente, entregan su tiempo, entregan ofrendas, enseñan, predican, aconsejan, visitan enfermos, evangelizan, hacen liberaciones, van a retiros espirituales (o los dirigen) y por tanto y tanto, de cierta forma están “a cuentas con Dios”. Esto es solo una ilusión. La Biblia es muy clara y Jesús fue muy claro: Es muy posible que alguien esté haciendo “la obra del Señor”, sin tener en cuenta al Señor, y más bien usando la obra para huir del Señor. Es real. Muchos están huyendo de Dios dentro de iglesias. Muchos nunca realmente se han convertido a Cristo, pero creen que “le sirven”. Y no significa que Cristo les haya enviado a hacerlo, porque bien dijo: “Nunca los conocí”, sino que estas personas se han auto-enviado, o han sido enviadas por hombres.
En un devocional anterior les compartí algo sobre el anciano que Dios usó para restaurar nuestras vidas, Brother Mickey Evans. Este señor tuvo la osadía de un día decirnos a mi esposo y a mí (que habíamos sido cristianos y pastores por años) que nuestra verdadera conversión realmente acababa de ocurrir después de nuestro proceso de sanidad, aunque “habíamos recibido a Cristo y le servíamos durante más de diez años.” Porque ¿qué es la conversión? ¿No se supone que es un acto que incluye arrepentimiento, perdón, entrega y rendición, donde recibimos a Jesús como Salvador y como Señor? Es decir, ¿no se supone que a partir de ese día Él comenzara a gobernar nuestras vidas, a dirigir cada decisión? ¿No se supone que a partir de ese momento comenzara un proceso de transformación? Mickey Evans nos dijo: El fruto de la conversión es una vida transformada.
Esto fue como si me hubieran lanzado al vacío. Yo que siempre tenía respuestas y maneras de defenderme y quedar bien, y en ese momento quedé muda, no tuve con qué refutar lo que él decía. La verdad era que hacía diez años habíamos pasado corriendo en una iglesia a hacer una “oración de fe”, pero habíamos seguido siendo las mismas personas. Ese fruto del que él hablaba (una vida transformada) que debía seguir a la conversión, honestamente no había estado presente en nosotros. Muchas preguntas y dudas saltaron en mi corazón, mucho temor de Dios y también una admiración por el amor paciente del Señor, y cómo estaba utilizando esa gran crisis/caos en el que caímos, para una vez más invitarnos a que finalmente nos rindiéramos en Sus brazos. Una invitación a tomar la decisión espiritual de realmente convertirnos a Cristo, entregarnos a Él, a Su Señorío y por consiguiente, comenzar a vivir un proceso INEVITABLE de transformación. Y gracias a Dios, eso hicimos y es lo que hemos estado viviendo en los últimos años de nuestra vida.
¡Despiértate! Cristo no murió en esa cruz por ti simplemente para que el día que mueras vayas al cielo. Él quiere sanarte, transformarte y usarte durante tu paso por esta tierra. Él tiene un plan y un propósito para ti, aunque te cueste creerlo.