Palabra de Dios: “Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.” Salmos 51:1-3
“Escúchame cuando oro, oh Señor; ¡ten misericordia y respóndeme! Mi corazón te ha oído decir: Ven y conversa conmigo. Y mi corazón responde: Aquí vengo, Señor.” Salmos 27:7-8
Perlas: La oración no es un monólogo, sin embargo muchos practicamos por años este tipo de comunicación con Dios, donde solo nosotros hablábamos, solo una de las partes se expresaba y comunicaba. La gran realidad es que la oración es un diálogo; es una conversación donde nosotros hablamos y Dios también habla: Ambas partes hablan, ambas partes escuchan. Así lo vemos en los Salmos, cómo David tenía conversaciones con Dios, ambos se escuchaban y hablaban. Observa bien la parte que dice que él irá delante de Dios, convencido de que será escuchado y dice además, que se quedará allí esperando hasta que Dios le responda.
Para escuchar la voz de Dios tenemos que primero que todo QUERER escucharla, por tanto estaremos dispuestos a esperar en silencio. Para esto se requiere humildad y quietud. No podemos entrar a nuestro tiempo especial con Dios estando afanados, corriendo, con la puerta abierta, permitiendo ruido e interrupciones, la mente andando a toda velocidad, pensando en todo lo que está pendiente para ese día. Si no somos humildes, llegaremos no solo afanados, sino con una agenda ya organizada, donde ya no le vamos a consultar nada al Señor, si no a pedirle que bendiga lo que ya nosotros hemos decidido. Así no funciona; eso sería soberbia.
Humildad es una postura del corazón que es fundamental en nuestra relación con Dios; es necesaria incluso para tomar la decisión misma de apartar un tiempo para Dios. Cuando una persona se levanta y comienza a tomar decisiones sin tener en cuenta a Dios, esa persona está demostrando que ella piensa que puede sola y que no necesita a Dios para nada. No sirve de nada venir a la Presencia de Dios solo por cumplir un protocolo; esto desagrada al Señor, y además no representa ningún beneficio para el individuo.
Quietud…el Señor nos llama a estar quietos y a reconocer que Él es Dios. (Salmos 46:10). “Debemos ser capaces de tener los oídos de nuestro corazón abiertos, escuchando la voz apacible de Dios en nuestro interior. Esto se conoce como oración contemplativa. No es un nuevo descubrimiento o una innovación reciente; ni siquiera es un nuevo punto de vista o tendencia. Es un método tradicional y probado de escuchar a Dios que ha sido totalmente ignorado por los cristianos modernos de hoy en día.” Mickey Evans.
Oración: Espíritu Santo de Dios, enséñame a orar. Enséñame a ser humilde y capaz de estar quieto en Tu Presencia reconociendo que solo Tú eres Dios. Enséñame a discernir Tu voz, a tomarme el tiempo para escuchar todo lo que Tú quieres decirme, y tener la fuerza y la sensatez para hacer lo que Tú me pidas. Amén.
Reto del día: Señor, ¿de qué maneras se manifiesta mi falta de humildad al acercarme a Ti? ¿Por qué me es tan difícil permanecer quieto en Tu Presencia?