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Palabra de Dios: “Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.” 

1 Juan 5:14-15

“Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido.” 

Salmos 63:8

Perlas: Nuevamente citamos estas dos porciones de la palabra, de los dos días anteriores, porque se refiere a confianza en Él y a nuestra alma apegada a Él.

La confianza es el intangible que más se ha quebrado, porque tal vez nunca aprendimos a confiar; desde pequeños desconfiamos de las figuras amorosas de nuestras vidas, porque posiblemente nos hirieron, o nos fallaron, o no nos cumplieron promesas. La confianza es el resultado de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Precisamente es nuestro Padre celestial el único coherente, porque es el mismo ayer, hoy por siempre.  Esta confianza nace solo por pasar tiempo con Él, escucharlo, ver Su constante fidelidad, y esto es posible si estamos apegados a Él en una perfecta comunión. No, no tienes que ser perfecto. Nadie lo es. Tienes que dejar que Su perfección y Su amor te abracen. Eso es suficiente. 

Normalmente, las tareas de este devocional implican una conversación con Dios. Es probable que, por el afán, en ocasiones no las hagamos. Pero justamente allí está el secreto de nuestra seguridad. Cuando escuchamos las enseñanzas, las promesas, los principios, y las verdades, de un predicador, de un líder, un escritor, un post en redes sociales, o de alguien que pertenece a nuestro grupo de apoyo, nos impacta momentáneamente, y hasta puede llegar a ayudarnos a salir de un estado emocional denso. Pero nada, ABSOLUTAMENTE NADA se compara con escuchar esas palabras directamente de nuestro Papá celestial. Cuando eso pasa, cada vocal que sale de la boca de Él, queda sellada con un pegante que no se quita con nada. Ese pegante tiene una composición especial, porque es la combinación de Su poder absoluto + Amor + Soberanía + Misericordia + Eternidad. Y esta fórmula se activa cuando Dios Padre encuentra un corazón y una mente que están atentos a escucharlo, durante un tiempo exclusivo. En silencio. Apégate, acércate, abrázale, cuéntale y escúchale. Una sola palabra será suficiente para que sanes, y para que Su verdad se vuelva tu verdad, por encima de cualquier tormenta, de una recaída o de cualquier persona que pretenda engañarte. 

Oración: Padre mío, levántame cada mañana de mi cama con un primer pensamiento para ti, y ayúdame a mantenerme consciente de Tu Presencia TODO el día. Dame una sed que sólo pueda ser saciada cuando me estés abrazando, y una confianza que sea el resultado de cada palabra que sale de Tu Boca, y que cae en mi corazón, como una semilla que da frutos eternos, que NADIE puede remover, porque es Tu Verdad. Ayúdame a ganar la batalla diaria por sacar un tiempo exclusivo para venir a ti, y líbrame de confiarme en que puedo darme permisos de alejarme de ti y de no apegarme más a ti. En el nombre de Jesús te lo suplico. Amén. 

Reto del día: Pon tu despertador de mañana, media hora más temprano, y corre al levantarte a un lugar silencioso. Quédate en silencio, escucha tu corazón acelerarse, como por primera vez, y luego pregúntale a Papá Dios: ¿Qué quieres decirme hoy? Hazlo durante una semana, y al final vuelve a leer todo lo que te dijo. Observa si tu confianza y seguridad en Él van en aumento… seguro que si.