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Palabra de Dios: “Tomen el casco de la salvación…” Efesios 6:17

Perlas: Muchas veces es incómodo utilizar un casco, pero definitivamente, ante el peligro, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Cuando un soldado se colocaba su armadura, el casco era lo último que se colocaba, pero seguramente la parte más importante. Era vital proteger los ojos, los oídos y el cerebro (la mente-que comanda todo); si no protegían su cabeza, las probabilidades de supervivencia eran muy bajas.

Dios en Su Palabra nos dice que necesitamos ponernos un casco  muy especial para proteger nuestra cabeza (allí está lo que pensamos, lo que vemos, lo que oímos y lo que hablamos), para poder estar equipados y preparados para enfrentar las batallas.

Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y recibimos a Jesús en nuestro corazón, recibimos un regalo insuperable llamado Salvación. ¿Salvación de qué? La salvación de nuestra alma, salvación de las consecuencias eternas por nuestros pecados, salvación de una eternidad sin Dios. Fuimos salvados y se nos fue concedido el regalo de una eternidad con Dios.

Tener puesto el casco de la salvación es mantener presente y viva en nuestra consciencia nuestra salvación, quiénes somos, a Quién servimos, para Quién vivimos, Quién está con y por nosotros, en Quién está nuestra esperanza, y del lado de Quién estamos. Cuando no nos ponemos el casco, cuando nos olvidamos del regalo y del gozo de nuestra  salvación, pasamos a estar distraídos, disipados, desarmados y desprotegidos; allí el enemigo aprovecha para colocar en nuestra mente pensamientos de derrota, y comenzamos a ver, a oír y a decir cosas que solo traen destrucción, exactamente lo que el enemigo quiere.

Oración: Padre, a veces me siento derrotado y perdido. Es evidente que no he tenido puesto es casco de mi salvación, y me cabeza (mente, ojos, oídos y boca) ha estado completamente desprotegida. Hoy le recuerdo a mi alma que la salvación no es algo que yo pueda ganar o perder, es un regalo que me fue dado por haber creído en Jesús. Hoy me coloco el casco de la salvación, declaro que recibo de vuelta el gozo de mi salvación. Yo soy un hijo de Dios amado, perdonado, salvo por gracia y poseedor de un lugar en el Ejército de Dios, el Ejército Vencedor.

Reto del día: Al vivir sin el casco, hemos pecado con lo que vemos, lo que oímos, lo que hablamos y lo que pensamos, porque estamos desconectados y desprotegidos. Este es un buen momento para pedir el regalo del arrepentimiento a Dios, recibir Su perdón y Su limpieza. El reto de hoy es leer detenidamente y con entendimiento el Salmo 51, haciendo de este salmo una oración personal.