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Su Gloria o Nuestros Caprichos

Palabra de Dios: “Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa. La naturaleza pecaminosa desea hacer el mal, que es precisamente lo contrario de lo que quiere el Espíritu. Y el Espíritu nos da deseos que se oponen a lo que desea la naturaleza pecaminosa. Estas dos fuerzas luchan constantemente entre sí, entonces ustedes no son libres para llevar a cabo sus buenas intenciones, pero cuando el Espíritu los guía, ya no están obligados a cumplir la ley de Moisés.

Cuando ustedes siguen los deseos de la naturaleza pecaminosa, los resultados son más que claros: inmoralidad sexual, impureza, pasiones sensuales, idolatría, hechicería, hostilidad, peleas, celos, arrebatos de furia, ambición egoísta, discordias, divisiones, envidia, borracheras, fiestas desenfrenadas y otros pecados parecidos. Permítanme repetirles lo que les dije antes: cualquiera que lleve esa clase de vida no heredará el reino de Dios. 

En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas. Los que pertenecen a Cristo Jesús han clavado en la cruz las pasiones y los deseos de la naturaleza pecaminosa y los han crucificado allí. Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida. No nos hagamos vanidosos ni nos provoquemos unos a otros ni tengamos envidia unos de otros.” Gálatas 5:16-26 NTV

Perlas: Es nuestra escogencia. Tenemos todo lo que necesitamos para vivir en el Espíritu, en obediencia; sin embargo, vez tras vez escogemos desobedecer y vivir en un ciclo permanente de desobediencia, recaídas, culpa, pedir perdón a Dios, hacer promesas…para luego volver a repetir el ciclo.  Las constantes recaídas no son más que dependencia de nosotros mismos, andar en nuestras fuerzas, en lugar de andar en el Espíritu y jamás satisfacer los deseos de la carne. Este estilo de vida simplemente demuestra lo mucho que nos falta en cuanto a lo que es un arrepentimiento genuino y una entrega absoluta a Dios donde le permitimos, y nos permitimos, ser completamente transformados.

La mayoría de nosotros vive una vida de altos y bajos, más bajos que altos, pero gracias a Dios por Su misericordia y por nunca cansarse de nosotros; no se cansa de insistir en llamarnos a Él. Todos los días nos espera, nos llama, nos perdona y nos vuelve a invitar a la obediencia, a vivir en Él y para Él. Su incansable insistencia en el llamarnos a la obediencia, no es únicamente porque así Él se siente amado por nosotros, sino debido a Su infinito amor por nosotros, solo Él sabe lo que es mejor para nosotros, y además, Él conoce la medida de gloria que ha preparado para ser derramada en y a través de nosotros, lo cual no podrá ocurrir HASTA que haya hecho de nosotros vasijas fieles.

Oración: Padre, hoy me postro ante Ti con un corazón humillado y arrepentido. ¡Qué muchos años he perdido en ese ciclo religioso de constantes recaídas y culpa y pedirte perdón! Un ciclo enfermo que no me ha llevado a nada bueno, el fruto ha sido terrible, y sigo atrapado. Hoy clamo a los cielos por misericordia, por el milagro del arrepentimiento genuino. Estoy cansado, no quiero pasar el resto de mi vida dando vueltas en lo mismo, no quiero perderme de todo ese fruto hermoso que me ofreces si camino en el Espíritu; no quiero perderme de esa medida de gloria que anhelas derramar sobre mí y a través de mí. No quiero perderme de lo que Tú has soñado para mí. Necesito ser liberado de todas estas cadenas por el poder de Tu Sangre y en Tu nombre Jesús. Amén.