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Su Gloria o Nuestros Caprichos

Palabra de Dios: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Mateo 16:24

“Así que, ¿por qué siguen llamándome “¡Señor, Señor!” cuando no hacen lo que digo? Lucas 6:46

“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.” Mateo 15:8-9

Perlas: No podemos seguir diciendo que somos seguidores de Jesús cuando seguimos viviendo para nosotros mismos, no estamos dispuestos a morir a nuestra propia voluntad, ni a seguirlo. No podemos seguir llamándole “Señor” cuando Él no le obedecemos; un “señor” da órdenes y sus siervos obedecen. Él no es Señor en nuestra vida cuando Su Palabra es simplemente un libro de sugerencias que podemos acatar o no. Cristo anhela ser Señor en nuestras vidas, ser el único sentando en el trono de nuestro corazón, y ser el único que gobierna, es decir, Él habla, nosotros escuchamos con corazones rendidos (no cuestionamos, no discutimos, no razonamos), y simplemente obedecemos, nos ajustamos a Su voluntad aunque no entendamos.

La Palabra de Dios es viva y es eficaz y es cortante. Nuestra oscuridad es confrontada con Su luz. ¿Es posible amar a Dios y no obedecerlo? No. ¿Es posible que Jesús sea Señor de nuestra vida y no hacer lo que Él dice? No. ¿Sirve de algo honrar a Dios con nuestros labios y en el corazón estar muy lejos de Él? Dice la  Biblia que es completamente en vano. Dios nos sigue llamando a un arrepentimiento genuino y a una rendición absoluta día a día. Su amor por nosotros es eterno y no depende de nosotros. Nos ama tanto que no quiere que sigamos viviendo en derrota ni que nos conformemos con menos de lo que Él diseñó y soñó para nosotros. Hay una vida abundante y fructífera que Él compró para nosotros en la cruz; solo está esperando por nuestra entrega y rendición.

Oración: Dios, Tu Palabra me confronta fuertemente, pero me libera. Gracias por arrancar vendas de mis ojos y romper las cadenas de la negación y la religiosidad. Solo Tú puedes hacer algo así. Gracias por amarme tanto que no quieres dejarme donde estoy. Gracias porque hay una vida para mí, hay esperanza para mí, hay un plan, un futuro y un propósito…hay una gran gloria esperando por mi rendición. Hoy, en el nombre de Jesús, doblo mis rodillas ante Ti, Padre Eterno, rindo mi ser (espíritu, alma y cuerpo) ante Ti y me consagro a Ti. Entra en mi corazón, Jesús, y siéntate en el trono que solo te pertenece a Ti. Quiero cargar mi cruz cada día y seguirte. Quiero honrarte con mi forma de vivir. Quiero que llegue el día que pueda decir que Tú eres mi Señor. Declaro por fe que vivo para Ti, que hago lo que Tú me pides y que veo Tu gloria derramarse sobre mí y a través de mí todos los días de mi vida. Amén.

Reto del día: Busca en tu Biblia cinco versículos más que hablen sobre la obediencia. Aquel que salte en tu corazón, escríbelo en tu diario y memorízalo.