Tierra de Gigantes
Palabra de Dios: “Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle». No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados, porque el enojo da lugar al diablo. Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad. No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan. No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven. Recuerden que Él los identificó como suyos, y así les ha garantizado que serán salvos el día de la redención. Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.” Efesios 4:26-32 (NTV)
Perlas: En esta porción de la palabra nos son dadas las estrategias para derribar otro gigante al que nos hemos tenido que enfrentar muchas personas, el gigante de la ira. Este gigante se forma, se fortalece y se alimenta del dolor acumulado no resuelto. Este gigante de la Ira aparece y grita que no perdones, que no doblegues tu orgullo, que busques venganza, que odies, que digas palabras (o hagas cosas) que destruyan al otro, que rompas objetos, que grites, que golpees, el propósito es que hagas sentir al otro el dolor que te está causando a ti.
La ira termina convirtiéndose en una adicción (aquí es cuando este gigante toma el control) ya que la persona que siente ira, no siente dolor; se ha comprobado que es un anestésico comparable a la cocaína. Lo más importante para resaltar es que detrás de toda esa fachada intimidante, lo único que hay es un corazón herido y sangrante. Como ocurre con cualquier otro gigante o adicción, cuando la persona se rinde y le deja el control, pareciera casi que imposible dejar ese comportamiento, aunque sabe bien que está siendo destructivo para él y para aquellos a su alrededor. Pero, la verdad es que NADA es imposible para Dios. Acabamos de leer en Su Palabra las estrategias para vencer, y todo comienza con perdonar a los que nos han causado dolor, con el mismo perdón que hemos recibido de Cristo.
Cuando perdonamos, inevitablemente sanamos, esos dolores tan grandes se van, somos consolados por Dios y somos liberados para continuar nuestro camino sin amargura, sin ira, sin deseos de venganza, realmente libres para disfrutar la vida que Dios preparó para nosotros. Ya no daremos más lugar al diablo, sino a las bendiciones del Señor; ya nuestra boca no hablará palabras que destruyan, sino palabras que traigan vida; y lo más importante, ya no entristeceremos al Espíritu Santo, al contrario, le haremos sonreír y Su sonrisa estará dibujada en nuestro rostro.
Oración: Espíritu Santo de Dios, necesito pedirte perdón porque por años te he entristecido al permitir que la ira y la amargura se apoderaran de mí. Me he hecho daño y he dañado a aquellos que más amo. Recibo Tu perdón, Tu amor y Tu limpieza. Tomo del perdón que he recibido de Cristo y perdono a cada persona que me ha herido, una por una. Las suelto en Tus manos, Padre, te pido que Tú seas juez y que tengas misericordia de ellos como la has tenido de mí. Los entrego, los dejo ir. Padre amoroso, derrama Tu dulzura en mi corazón, arranca toda raiz de amargura y rompe toda atadura o adicción a la ira, en el nombre de Jesús. Yo ato mi mente, mi corazón y mi boca a la obediencia de Cristo. Declaro mi mente y mi corazón lavados por la Sangre de Cristo, y que mi boca se abre solo para bendecir, hoy y todos los días de mi vida. Viviré perdonando, sanando un día a la vez, y nunca más le daré lugar al diablo. Amén.