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Tierra de Gigantes

Palabra de Dios: “Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.” Miqueas 7:19

“con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; 13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” Colosenses 1:12-14

Perlas: Hace muchos años escuché un predicador decir que los cristianos a veces nos creemos “buzos”, que andamos buscando en el fondo del mar nuestros pecados. Ya Dios no se acuerda de nuestros pecados, pero hay un gigante llamado culpa que intenta halarnos todo el tiempo a darnos “latigazos” por los errores cometidos. Este gigante es exitoso solamente cuando no hemos creído ni aceptado el perdón que Dios nos ofrece a través de la sangre de Jesús; cuando pensamos que Su sacrificio no fue suficiente, por tanto escogemos vivir en una FALSA CULPABILIDAD (es falsa porque ya fuimos perdonados).

Este gigante logra hacer un daño inmenso si le damos entrada a nuestra vida. Cada vez que nos equivocamos, allí aparece para decirnos que definitivamente nunca vamos a cambiar, que hay algo mal en nosotros, que somos malos, que no somos dignos de acercarnos a Dios, que no merecemos ser perdonados ni amados. Además, insiste en que nunca nadie debe enterarse de lo ocurrido para evitar rechazo, burla o abandono.  

Otra especialidad del gigante de la culpa es su capacidad para convencernos de tomar culpas ajenas, hacernos creer que nosotros tenemos la culpa por las malas decisiones o los pecados de los demás.  Cuando permitimos que la culpa entre y tome lugar en nuestro corazón, puede llegar a tener demasiado poder de destrucción. Una persona que vive sintiéndose culpable y condenada, no cree que Dios la perdona, que la acepta y que la ama, por tanto no puede perdonarse a sí misma, ni aceptarse ni amarse, ni tampoco podrá perdonar a otros, ni aceptarnos ni amarlos. Es una bola de nieve de consecuencias negativas y el propósito es mantenernos amarrados y ciegos, que no podamos avanzar y que no podamos ver la verdad de Dios, que no recibamos la libertad que Cristo compró para nosotros en la cruz con Su sangre, y que no alcancemos todo aquello para lo cual Él nos alcanzó a nosotros.

Oración: Señor Jesús, hoy me coloco frente a la cruz, así como estoy, con mis pecados, mis luchas, mis dudas y mi culpabilidad. Sé que derramaste toda Tu sangre por mí. Sé que me compraste con Tu sangre. Sé que tu sangre me da vida y vida en abundancia, y que para libertad fue que me hiciste libre. Sé muchas cosas pero evidentemente no son reales para dentro de mi corazón, por eso sigo luchando con la culpa, sintiéndome indigno de acercarme a Ti, dudando de Tu amor sin condiciones. Hoy me arrepiento de seguir cargando con culpas de pecados que ya Tú me perdonaste y arrojaste al fondo del mar, de los cuales ya no te acuerdas. Hoy renuncia a la falsa culpabilidad. Hoy recibo Tu perdón y veo Tu sangre limpiándome y sanándome. Soy amado, soy limpio, soy perdonado para siempre. En el nombre de Jesús.

Reto del día: ¿Qué pecados te perdonó Dios? Escríbelos en un papel, dóblalo lo más pequeño posible y como un símbolo (para que tu alma nunca lo olvide), ve al patio de tu casa, o a un parque, o al mar, y entierra ese papel, mientras declaras con tu boca: Dios ha tenido misericordia de mí, Él sepultó todas mis iniquidades y arrojó mis pecados al fondo del mar. Su sangre es más que suficiente para perdonarme y limpiarme de toda maldad. Amén.