Tierra de Gigantes
Palabra de Dios: “Pero cuando tenga miedo, en Ti pondré mi confianza. Alabo a Dios por lo que ha prometido. En Dios confío, ¿Por qué habría de tener miedo? ¿Qué pueden hacerme unos simples mortales?” Salmos 56:3-4
“¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Romanos 8:31-39
Perlas: Todos enfrentaremos gigantes a lo largo de nuestras vidas y todos cometemos el error de tratar de hacerlos caer con nuestras fuerzas. Cuando hacemos esto, no solamente permanecen de pie, sino que crecen con el paso del tiempo. Si los gigantes crecieron y se fortalecieron por la falta de perdón, por nuestra independencia de Dios, y por haber creído todas las mentiras que nos decían, quiere decir que ellos se debilitarán, y eventualmente desaparecerán, en la medida que nos acerquemos y nos rindamos genuinamente a Dios, escuchemos Su verdad que nos hace libres, y obedezcamos Sus instrucciones para ganar las batallas día a día.
Si las armas de guerra más poderosas que nos da Dios son la fe y la obediencia, podemos concluir que los dos gigantes más peligrosos son la incredulidad y la desobediencia; estos dos son los encargados de abrirle camino a los demás gigantes, ellos son los que les permiten avanzar mientras nos confunden o debilitan a nosotros. Si incredulidad y desobediencia encuentran una puerta abierta, entrarán y fácilmente lograrán su cometido, ya que una persona que no CREE, tampoco CONFÍA, no podrá OBEDECER, por tanto no podrá ser LIBRE.
Los gigantes siempre se muestran muy grandes e intimidantes y nos quieren hacer creer que nunca los podremos vencer, ni tampoco podremos deshacernos de ellos. Pero, no olvidemos que el Poderoso Gigante está de nuestro lado, y hasta hoy, desde el día uno de la creación, Dios nunca ha perdido una batalla. Simplemente está esperando que le creas, que te rindas, que confíes en Él y le obedezcas. Ya Él ganó por ti. Entra en la batalla de cada día sabiendo que no estás solo y que el Poderoso Gigante va delante de ti, listo para hacer un despliegue de Su gloria, si tú crees, si tú obedeces haciendo la parte que te corresponde a ti. Tu vida no se ha salido de Sus manos, todo tiene un propósito, incluyendo los gigantes. Dios quiere que conozcas cuán grande es Él y cuán pequeños son todos esos gigantes, que tus ojos naturales ven tan grandes, pero en realidad no son nada delante de Dios.