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Palabra de Dios: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito:

Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;

Somos contados como ovejas de matadero.

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 8:28-39

Perlas: Todos los que somos hijos de Dios podemos afirmar con certeza que todo lo que nos acontece, es permitido por Él y usado a nuestro favor. Entonces, ¿Quién podrá realmente estar contra nosotros? Nadie. ¿Quién o qué puede separarnos del amor de Cristo? Nadie. Nada. Sí, en este mundo tendremos aflicciones, pero no debemos temer, porque Cristo venció al mundo. Venga lo venga, pase lo que pase, Dios es soberano sobre todo y sobre todos. Todo, aún los sufrimientos más grandes, cuando los vivimos abrazados a Él, Él mismo torna la maldición en bendición, los grandes dolores en testimonios poderosos, y así como los héroes de la fe, sacamos fuerzas de la debilidad, y nos volvemos aún más fuertes en las batallas…

Él dijo que nos ha hecho más que vencedores, por tanto, de cada tribulación saldremos victoriosos, y permaneceremos en el amor del Padre, porque nada ni nadie nos puede separar de Su amor. Sigamos luchando, sigamos peleando por nuestras vidas y por nuestras familias. Sí, vale la pena continuar. Si Dios es bueno y todo lo sabe, ¿Cómo o por qué nos llamaría a una batalla que ya está perdida? Él nos llama a muchas batallas que forman parte de una gran guerra, la cual Él ya ganó. Solo nos llama al campo de batalla para que seamos parte de Su victoria, y celebremos con Él, para que conozcamos cuán poderoso es, cuán fiel, y entendamos por qué Él es conocido como: Poderoso Gigante, Jehová de lo Ejércitos, Poderoso en Batalla, Dios Victorioso, Vencedor, Dios de los Imposibles. 

Oración: Padre amado, gracias por esta hermosa y poderosa Palabra con la que hoy has alimentado mi alma y mi espíritu, y que también has usado para darme nuevas fuerzas. Te amo. Quiero entrar contigo a cada batalla en esta vida, y celebrar contigo cada victoria. Tuya es la victoria, por tanto puedo decir que mía es la victoria. Tú me hiciste más que vencedor. Toda la honra y la gloria son para Ti. Yo solo me gozo por el regalo de ser hijo de Aquel que me amó primero y Aquel que me dio la victoria por siempre.

Reto del día: Personaliza y memoriza esta porción de la Palabra que estudiamos hoy: “Soy más que vencedor por medio de Aquel que me amó. Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada  (ni situaciones ni personas) me podrá separar del amor de Dios.” Romanos 8:37-39