Hoy, subiendo a los montes de Ponferrada pasé de 18 a 3 grados en cuestión de 10 minutos. Me vino la idea de que en la vida las cosas cambian de repente. De repente y constantemente. A pesar de ello, los seres humanos tendemos a desear permanentemente que las cosas no cambien por lo que quienes no aceptan este proceso viven en continua frustración.
Personalmente, llevo el amor al cambio muy metido en mis entrañas. Sí, tengo esa suerte, me ahorro tener que gestionar esta frustración (tengo otras, claro). De hecho, me gusta el cambio y disfruto mucho las experiencias nuevas.