Un cuento sobre los deseos originarios que me trajo el sonido de la lluvia. A veces esa sonoridad me tira para atrás en el tiempo por 10 segundo y me hace recordar detalles increíbles. Esta vez me acordé de un día de lluvia en mi primaria Osbaldo Chivas. Allí a veces muestras diluviana jugábamos a invertirnos los nombres. El mío quedaba así: Lemyar. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.