Encontré una carta que me escribí a mí misma hace 1 uño, para mi cumpleaños 25. Era una carta muy diferente a la que normalmente escribo para mis cumpleaños o para fin de año, esas casi siempre las uso para agradecerle a Dios, al universo, a la vida todo lo que fue y todo lo que es parte de mí, pero en esa carta estaba en un lugar muy diferente a los de antes, eran los primeros meses de mi diagnóstico y no entendía muy bien lo que estaba pasando, mucho menos lo que estaba sintiendo, lo que si sabía era lo que necesitaba en ese momento y las cosas que me quería pedir, aunque no supiera que iba a pasar mañana ni cuales iba a poder cumplir. Por eso hablo este capítulo de la metáfora de que somos vasijas, en forma (nuestro exterior, muchas veces fuera de nuestro control) y con lo que la llenamos (lo que decidimos que sea nuestra vida). Te doy algunos ejemplos de como en un punto de mi vida llene mi vasija desde un lugar de carencia y necesidad, peor aún, mi vasija para mí era invisible y solo me preocupaba por llenar las de otros y por que ellos se hicieran cargo de mi vasija.
Cada día admiro, cuido, quiero y decido más de que lleno mi vasija, hay cosas que no embonan y yo lo sé pero sigo intentando que quepan, otras a las que ya aprendí a decir que no, pero más importante, lo que quiero que sí.
Espero tomes tu vasija y disfrutes llenarla todos los días.
Nos vemos el próximo miércoles,
besooos byee
Link a la metáfora de Kintsukuroi y las vasijas.
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