Ana nos hará meditar hoy sobre nuestra actitud ante nuestras decisiones delante de Dios.
Si recuerdan, la semana pasada Ana fue al templo a dejar a su hijo ahí para siempre, y así Samuel serviría al Señor por el resto de su vida..
Lo normal sería esperar a una madre que tiene el corazón saliendo de su pecho, o con el corazón roto a pedazos, llorando porque su hijo no volverá o porque ya no podrá compartir tiempo con su hijo. No es una situación sencilla.
Pero Ana no hace nada de esto, Ana nos muestra un corazón que adora al Señor.